Las mascarillas cofrades

Oct 27, 2020Blog0 Comentarios

Fue en plena Cuaresma. En algunas casas comenzaban a sacar las túnicas de los roperos para ir preparando la estación de penitencia del año. En otras se vivía con inquietud el estreno, ese que desde unos meses antes se confeccionaba con mimo en los talleres de La Casa Del Cofrade. El Vía Crucis de las Hermandades lo había protagonizado una muchedumbre junto al Cristo de la Salud. Dios escribe derecho entre renglones torcidos.

 

Todo estaba a punto cuando el zarpazo de la enfermedad desconocida nos dejó parada en seca la vida. Incertidumbre, resignación, Semana Santa interior de cada uno. Flores en las puertas de los templos. Nos faltaba Salud y buscábamos la Esperanza.

Entre tanta incertidumbre, en los talleres ubicados en el corazón de Triana, en la Plaza del Altozano, se comenzaba a pensar en un nuevo servicio a los cofrades de Sevilla. Hay una cruz de guía simbólica en el Lunes Santo sevillano que es quizás una de las mayor protestación de fe pública desde que atraviesa el dintel de la capilla. Yo soy de la Vera Cruz. Así reza en el travesaño que porta el negro nazareno de ruán. Imperativo y con firmeza.

 

Y así tenía que ser la prenda que se ha convertido en el nuevo hábito de todos los ciudadanos responsables: la mascarilla cofrade.

 

Por eso en La Casa Del Cofrade, adaptando el comercio tradicional a la última necesidad de sus clientes, y para poder hacer una reafirmación del ser y el sentir de cada uno de ellos comenzaron a fabricarse las mascarillas del Ancla de la Esperanza de Triana o la de la Mariquilla de la Macarena, la de la Estrella o San Gonzalo, Gran Poder, La Paz o la Hiniesta. Señas de identidad para cada sevillano que como ese nazareno que porta la Cruz de Guía de la Vera Cruz quiere dejar bien claro en este nuevo elemento de nuestra vida cotidiana, dónde se aferra su devoción.

 

Este domingo de octubre, cuando  el otoño se nos adentra sin haber podido rezar el Rosario ante Madre de Dios en Pureza, en San Julián, San Gil o el Arenal, y la enfermedad sigue inmisericorde azotándonos y cuando las medidas de las autoridades sanitarias se endurecen por el bien de todos, las puertas de la tienda cofrade de Triana, siguen abriéndose todas las mañanas para que cada cofrade pueda decir, a cara descubierta, donde se aferran los ojos que solo nos dejan ver las mascarillas cuando buscan el consuelo: el Cristo y la Virgen de sus amores.

 

Antonio Silva

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